El National Endowment for Democracy (NED) convocó este lunes 13 de abril, en su sede de Washington, D.C., el evento «Freedom and Democratic Renewal in Latin America», un panel de alto nivel dedicado a examinar los desafíos a la democracia en el hemisferio, con la participación del expresidente de Colombia, Iván Duque Márquez, el líder opositor nicaragüense Félix Maradiaga, John Suarez, en representación de Cuba y Miguel Pizarro, en representación de Venezuela. El panel fue moderado por Carrie Filipetti, miembro del directorio del NED, y contó con la asistencia de miembros de la comunidad diplomática acreditada en la capital estadounidense, representantes de organismos internacionales, líderes de la sociedad civil y expertos en política latinoamericana.
Hacia una resolución de ilegitimidad en la OEA
El líder nicaragüense, Félix Maradiaga abogó durante este importante encuentro impulsar una resolución de ilegitimidad del régimen de Daniel Ortega en el ámbito de la Organización de los Estados Americanos (OEA), no como una medida simbólica sino como parte de una respuesta hemisférica coherente. Ya que, según Maradiaga, si el régimen sandinista se mantiene en pie, utilizará todos los medios a su alcance para desestabilizar a sus vecinos y proyectar su modelo de control político en otros países de la región.
Las lecciones de la transición fallida de 1990
Maradiaga sostuvo que la actual captura total del Estado nicaragüense por parte de Daniel Ortega y Rosario Murillo no puede entenderse sin examinar críticamente las fallas estructurales de la transición de 1990. Recordó que, aunque el pueblo nicaragüense conquistó legítimamente el derecho a reconstruir la democracia con la victoria de doña Violeta Barrios de Chamorro, el protocolo de transición permitió al Frente Sandinista conservar cuotas decisivas de poder coercitivo, especialmente en el ámbito de la seguridad.
La permanencia de Humberto Ortega al frente del Ejército de Nicaragua entre 1990 y 1994 no fue un detalle menor, señaló Maradiaga. Sino que fue una concesión estructural que preservó intactos resortes fundamentales del aparatos de fuerza. Esa arquitectura de poder residual hizo posible que Daniel Ortega desarrollara durante años lo que él mismo definió como la capacidad de “gobernar desde abajo”.
A partir de esa reflexión, Maradiaga extrajo una lección central para otros procesos en la región, particularmente para Venezuela: una transición democrática auténtica no puede dejar intactos los residuos operativos del aparato dictatorial, especialmente dentro de las fuerzas armadas, los cuerpos policiales y los sistemas de inteligencia. Toda transición que permita la supervivencia de enclaves autoritarios dentro del Estado incuba una restauración futura del autoritarismo.
Un ecosistema represivo que trasciende
Sobre la situación actual de Nicaragua, Maradiaga describió un país sometido a un patrón de represión total. Aunque la resistencia cívica y ciudadana, que conmemora ocho años de lucha en este mes de abril, se ha mantenido firme pese a que el régimen ha intensificado la persecución religiosa, ha forzado al exilio a miles de nicaragüenses, ha clausurado organizaciones de la sociedad civil y medios de comunicación independientes.
También mantiene un clima de miedo sostenido por desapariciones, vigilancia, detenciones arbitrarias y una lógica de “puerta giratoria” en materia de presos políticos: mientras algunas personas son excarceladas o desterradas, otras continúan siendo detenidas, procesadas o desaparecidas dentro del país. Las cifras son alarmantes: Desde abril de 2018 hasta abril de 2026, la dictadura ha mantenido un ciclo continuo de encarcelamientos, superando los 1,490 casos de personas reconocidas como presas políticas.
La realidad nicaragüense se mantiene bajo la existencia de un ecosistema represivo mucho más amplio, que incluye el destierro forzado, la desnacionalización, la represión transnacional, el silenciamiento de la prensa, el desmantelamiento de la vida asociativa y la criminalización de cualquier voz independiente.
La fe como blanco estratégico de la dictadura
Uno de los momentos claves de su intervención estuvo dedicado a la libertad religiosa. Maradiaga explicó que la Iglesia Católica y las comunidades cristianas han sido objeto de una persecución sistemática no por accidente, sino porque representan una de las pocas reservas morales e institucionales capaces de ofrecer sentido, cohesión y esperanza a una sociedad sometida al miedo. El régimen persigue a la Iglesia precisamente porque reconoce en ella una autoridad moral que no controla y una capacidad de convocatoria que no puede absorber.
En la semana posterior a las celebraciones de Pascua, esa reflexión adquirió un peso simbólico particular. La hostilidad del régimen contra sacerdotes, obispos, procesiones, medios religiosos y obras pastorales forma parte de una estrategia deliberada para quebrar toda fuente de legitimidad alternativa. “Cuando una dictadura busca dominarlo todo, la fe se vuelve peligrosa para el poder precisamente porque recuerda que la persona humana no pertenece al Estado”, afirmó Maradiaga.
Ortega y la Guerra Fría
Ante la pregunta sobre por qué Nicaragua parece haber quedado parcialmente fuera del radar internacional, Maradiaga ofreció una caracterización directa: Daniel Ortega es una reliquia viva de la Guerra Fría, uno de los pocos dictadores de aquella era que aún permanece en pie, en buena medida porque ha sabido explotar la fatiga internacional, el desplazamiento de la atención mediática y la tendencia a subestimar a Nicaragua por su tamaño. Pero esa aparente marginalidad, advirtió, es engañosa y peligrosa. Precisamente, por ello, la oposición democrática nicaragüense tiene el deber estratégico de mantener al régimen en el radar internacional.
Nicaragua como problema de seguridad hemisférica
Maradiaga dedicó una parte central de su intervención a explicar porqué el caso de Nicaragua no es un asunto doméstico sino un problema de seguridad regional. Detalló los vínculos del sandinismo con redes del crimen organizado y aludió a conexiones con actores del extremismo internacional, así como a las alianzas del régimen con Rusia, China e Irán. Recordó la presencia de infraestructura rusa en Nicaragua con implicaciones de inteligencia y vigilancia. Además alertó sobre el creciente peso de China en un país situado a apenas dos horas de vuelo de Estados Unidos.
Su argumento fue categórico: la defensa de la democracia en el hemisferio no puede abordarse aisladamente país por país. Se trata de un entramado autoritario interconectado, con patrones comunes de represión, apoyo mutuo entre regímenes, circulación de tecnologías de control y afinidades estratégicas con potencias adversarias de Occidente.
La oposición democrática no ha sido derrotada
Lejos de presentar un panorama de resignación, en este mes de abril que se reinvindica la lucha ciudadana, Maradiaga insistió en que la oposición democrática nicaragüense no ha sido derrotada. El exilio continúa articulándose, denunciando, documentando y construyendo redes de apoyo y presión internacional, mientras que dentro de Nicaragua sobrevive una resistencia silenciosa que mantiene viva la aspiración de libertad.
Cierre del evento
El evento concluyó con palabras del expresidente Iván Duque Márquez, quien subrayó la importancia de la transición democrática en Cuba, Venezuela y Nicaragua. Felicitó la claridad de los panelistas y ofreció una reflexión sobre la vigencia de la Carta Democrática Interamericana como instrumento indispensable para la defensa de la libertad en el continente.
El panel del NED dejó una conclusión inequívoca: la libertad en América Latina no puede defenderse con diagnósticos parciales ni respuestas fragmentadas. Desde la sede del NED en Washington, ante la comunidad diplomática y actores clave del hemisferio, la voz de Félix Maradiaga recordó que Nicaragua no es una nota al margen sino una pieza decisiva del tablero hemisférico, y que la lucha democrática nicaragüense y la llama de abril sigue viva.

